- LIBERIS ARTIUM UNIVERSITAS

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LA LIBERIS ARTIUM UNIVERSITAS 

http://www.museoreinasofia.es/actividades/valcarcel-medina-maximas-experiencia-derecho-filosofia-desde-perspectiva-arte

La Liberis Artium Universitas surge como un acto artístico de amor, responsabilidad social y compromiso con la formación en el mundo del arte y la cultura. Ante una universidad altamente institucionalizada, cronológicamente graduada jerárquicamente y estructurada, se crea con una clara voluntad de repensar, transformar y proponer otros formatos a los del control impuestos por el “capitalismo académico” y el consecuente abandono de muchas libertades necesarias en la educación superior.

Son tres los ejes principales que la conciben: el deseo de que la formación humana y artística se desarrolle libremente en las formas y tiempos que correspondan a sus propios procesos, que la verdad de la vida transcienda en forma de aprendizaje experiencial y que se reconozca el carácter significativo de las valiosas aportaciones que los actores del mundo del arte suman al área del conocimiento. De aquí el lema de la Universidad: Liber, verax et restans.

En este marco se presenta la tesis de D. Isidoro Valcárcel Medina: “Las máximas de experiencia en el derecho y en la filosofía desde la perspectiva del arte”, dirigida por Dr. D. Isidro López-Aparicio Pérez y defendida en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

La siguiente tesis programada dentro de la L.A.U. para ser defendida en el MNCARS será la de D. Luis Camnitzer y versará sobre “la falsificación original”.

 

Ante el desplazamiento de las Universidades como organizaciones de control, apropiación y distribución del conocimiento en cuanto activo que manejan dentro del Mercado global, la L.A.U. se genera y se posiciona como una institución en defensa del conocimiento libre y con una clara identidad de servicio: una “institución de la sociedad” que permite una alternativa autónoma a la dependencia funcional del sistema.

Su voluntad de no ser un engranaje servil y direccionado dentro de una estructura de rentabilidad mercantil la convierte en una institución insubordinada y de resistencia concebida para la defensa del desarrollo del pensamiento autónomo, para lo cual posibilita un espacio en el que el proceso, con sus errores y aciertos (relativos), forma parte ingénita de los procesos de creación: el tiempo, el trayecto personal y la evolución del contexto encuentran una respuesta dúctil y realista. Para esto, la L.A.U. se plantea como una universidad libertaria, nómada y flexible en sus estructuras y servicios, para poder responder al fluir natural del conocimiento creativo, siendo una institución de mediación entre la sociedad y profesionales del sector del arte con la voluntad de posibilitar interacciones necesarias.

La L.A.U. es una universidad organizada con un sistema dúctil que defiende su capacidad y autonomía para la admisión y el reconocimiento de aspectos significativos de la cultura, el arte y la sociedad fuera del marco de los sistemas académicos controlados e institucionalizados. Sus acciones son fluidas y se acoplan a las situaciones devenidas de forma que pueda afrontar aquellas propuestas que formen parte de su propia lógica. Esta naturaleza autónoma permite un fluir dinámico y energético que se adapta a la naturaleza creativa, artística y social, de manera que su construcción es progresiva y vacía de prejuicios establecidos. Ante la necesidad de control y el miedo a lo no predecible que domina las estructuras burocráticas, la L.A.U. se rige por la necesidad de la erradicación de prejuicios, la aceptación e incentivación del cambio.

Entre las acciones que lleva a cabo se incluye la dirección de tesis no sometidas a la reglamentación institucional actual, pero que tienen, sin embargo, el máximo rigor que corresponde a una investigación de nivel superior cuyo eje central es la práctica artística. Las aportaciones que se llevan a cabo son fundamentales al área de conocimiento y respetan los elementos constituyentes esenciales que definen una tesis, no a las estructuras que las burocracias imponen. Se parte de la plena convicción de la existencia de investigaciones que gozan del máximo rigor y valor científico y humano, y que en la actualidad no encuentran posibilidad de desarrollo en las estructuras académicas actuales. Aun habiendo sido la Tesis el espacio de mayor autonomía, creatividad y rigor académico que ha existido en

las Universidades, en la actualidad está siendo limitado y conformado de manera que condiciona los desarrollos de las investigaciones y no abarca la infinidad de posibilidades, de trayectorias, de espacios, de tiempos que puede necesitar una investigación para desarrollarse. Es por lo que la L.A.U.,
 a través de los profesionales adecuados, aquellas tesis que contribuyan de manera significativa al mundo del arte, ya que 
se basa miliarmente en el conocimiento y la experiencia de todos aquellos que participan y la componen; el valor de esta institución no está en la capacidad de generar gestiones complejas que la verifiquen administrativa y formalmente, sino en la de posibilitar la validación de aquellos aspectos relevantes a través del saber común y del colectivo de los iguales.

El hecho de que la formación universitaria reglada según las necesidades de las estructuras capitalistas limita y controla la inclusión, el desarrollo y la validación de infinidad de aspectos vinculados a sus propios principios nos llevó a la fundación de la L.A.U., que, desde el potencial simbólico de la creación artística, se convierte en una plataforma reivindicativa de mediación inclusiva y facilitadora de intercambios alternativos.

La L.A.U. es un marco poroso desde el que desarrollar, mostrar y ser reconocidos procesos creativos, sociales y culturales. Su naturaleza participativa lleva a que el claustro de profesores se construya de forma dinámica y progresiva. La participación en las acciones llevadas a cabo por la L.A.U. generan un compromiso a la vez que, conforme a su organización abierta y propositiva, posibilita que se propongan aquellas actividades que respondan a la filosofía de la L.A.U. en un proceso rizomático continuo de desarrollo.

La L.A.U. facilita la inclusión de muchos actores destacables del mundo del arte y de experiencias que son dignas de ser reconocidas para la creación de un conocimiento colectivo. Pretende nombrar, poner en común y dar la importancia que corresponde socialmente a aquellos procesos permanentes de formación, en los que existe conocimiento, habilidad, actitud, modos de discernimiento vinculados a lo vivencial y la experiencia, y que necesitan tener la presencia y relevancia correspondiente en la enseñanza e investigación universitaria. Siempre desde el carácter integrador y acogedor propio del arte que expande las posibilidades, articula, moviliza y activa. Al igual que se defiende en contra de los cartesianismos burocráticos dominantes que plantean estructuras estáticas, asépticas y restrictivas y muy vinculadas a la rentabilidad industrial, defiende la inclusión de lo subjetivo, lo humano, la emoción, el sentimiento, el placer, la inventiva, la intensidad, el anarquismo, el encuentro, lo colectivo, lo cooperativo, lo insólito, lo transcultural, la inteligencia colectiva, la fisicidad, la osmosis, lo interdisciplinar, la atemporalidad, lo inexplicable, lo intuitivo, la experiencia, lo vivido, lo sensitivo, el ingenio, lo mórbido, el azar, etc. como elementos característicos de una institución de baja institucionalidad, porosa, humana y libertaria.

En aras de la calidad, en las Universidades regladas se han establecido procesos de control y explotación que implican la vampirización de la energía en un absurdo del micromérito y el credo del certificado, incentivando unos comportamientos contrarios al propio carácter universitario, pero que definen tipologías y deshumaniza las decisiones intencionadamente. Es por lo que el carácter libertario de la L.A.U. se extiende a estos ámbitos, dejando a sus miembros trabajar en aquellos aspectos verdaderamente significativos en una estructura posibilitadora en constante construcción, participativa y dialogante, en la que la sociedad tiene la experiencia y el conocimiento, en la que cada cual responde responsablemente y en la que el error forma parte del mérito.

La L.A.U. no es una respuesta, es un sistema que posibilita un espacio de encuentro en el que establecer diálogos, articular preguntas, un espacio de recepción e intercambio con la sociedad, donde poner en valor el capital cognitivo y emocional del arte como campo del saber. De aquí el que tengan cabida encuentros heterogéneos, misceláneos e impredecibles, los bancos colectivos de conocimiento basados en las experiencias de vida, las memorias culturales y sociales, la transformación de conflictos con herramientas creativas, la paz imperfecta, las locuras lógicas e ilógicas pero necesarias, la transformación perceptiva, etc. En particular, la defensa de la investigación a través de la práctica artística como proceso en tanto en cuanto extienda nuestro conocimiento y comprensión.

En contra de los límites y compartimentaciones temporales que se requieren en la Universidad Estatal, la L.A.U. defiende la lógica del tiempo vinculada a la imprevisibilidad de los procesos; el amorfismo temporal y espacial como axioma fundamental y consustancial de la investigación, de la creación y la educación. Siempre que se defiendan los tiempos necesarios de la creación y ajenos a los límites propios, al igual que el valor incuestionable de lo internacional como requisito sine qua non en la institucionalidad, la L.A.U. no niega la posibilidad, pero también da cabida y defiende la importancia de lo local y lo íntimo, pues se cree en la capacidad de la universalidad desde lo marginal. Pues las preguntas que lanza la investigación artística no deben estar sometidas a límites burocráticos dictados por las reglas de rentabilidad neoliberalistas, sino mantener su carácter no lineal, incierto, complejo, paradigmático, que, a partir de sus propias herramientas cognitivas, con métodos experimentales y hermenéuticos, desarrolla y comparte la consciencia adquirida en la praxis creativa, en la que lo que lo real, lo imaginario y lo simbólico conviven. Y al igual que el hecho artístico se celebra en el momento en que es percibido, la investigación lo hace en el momento en que se expone, defiende y difunde de manera apropiada, sin traicionar la naturaleza de su propio medio, de su lenguaje, de sus formas, pues estas serán tan diversas como su propia naturaleza, y la L.A.U., en su naturaleza flexible, da cabida a lo necesario, inteligible aunque sea impredecible.

La L.A.U. se funda sobre la creencia de que las prácticas universitarias correctamente entendidas pueden ser un paso desde el que aportar al mundo profesional y a la sociedad en general desarrollos, resignificaciones y comportamientos que son beneficiosos para la creación artística y el mundo de la cultura.

Isidro López-Aparicio Pérez Fundador de la L.A.U.